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Sin avances en el marco regulatorio, seguirá la desinversión

Enviado por en 26/09/2008 – 00:00Sin comentarios



Esta nota es la 11 de 21 del Informe Informe Expo Comm 2008

Hay un tema del que en Expo Comm nadie quiere hablar: la política de comunicaciones. Los consultores remarcan que desde 2002 que el Estado no hace nada en esta materia, y las empresas entrantes prefieren dejar en manos de Telefónica y Telecom la iniciativa, y seguirlos de atrás.

Aunque el sector de las telecomunicaciones ha sido el responsable de que los indicadores de servicios públicos siempre estuvieran muy por encima del crecimiento  de la economía, la industria no pasa por su mejor momento. Al menos a nivel regulatorio. De hace unos seis años a esta parte, los organismos que deben arbitrar el comportamiento del mercado, básicamente la Secretaría de Comunicaciones (SeCom) y su órgano de aplicación, la Comisión Nacional de Comunicaciones (CNC) se mueven al compás de los tiempos que impone la Presidencia. Y como la jefatura de Estado tiene otros temas que le insumen mayor energía, la inacción caracteriza a estos organismos oficiales.

Son cada vez más los asuntos pendientes que tiene el sector. Y ya no se trata de lo que dejó la apertura del mercado de las telecomunicaciones, en 2000, cuando Henoch Aguiar estaba a cargo de la SeCom. En 2003 se hizo un Congreso de Telecomunicaciones, llevado adelante por quien ocupaba esa secretaría en ese momento, Guillermo Moreno, que prometía reunir las opiniones de todos los protagonistas de la industria –operadoras de telecomunicaciones, de TV paga, de satélites, de telefonía móvil, de provisión de acceso a Internet, inalámbricas, cooperativas y demás- para crear una nueva ley que superara el decreto 764 que desreguló al sector y que derogara la ley de telecomunicaciones, aún en vigencia, de 1972. Los borradores que de ahí surgieron deben estar juntando polvo y pulgas porque nada sucedió luego de finalizado ese encuentro.

La discusión tarifaria que -en vano- intentaron colocar sobre la mesa Telefónica y Telecom pasó al olvido, hasta hace unos días, cuando el presidente de Telefónica, Eduardo Caride, recordó el reclamo por la actualización de los valores de los pulsos telefónicos, un tema casi prohibido en los últimos dos años. El ejecutivo de la empresa de telecomunicaciones más grande del país sostuvo que la revisión tarifaria es una condición necesaria para continuar desarrollando infraestructura de red.

A regular, a regular

Para los especialistas las regulaciones son imperiosas. El mismo ex secretario de Comunicaciones, Henoch Aguiar, aseveró que “las regulaciones no son destructoras sino constructoras de acciones”. Cuando se pregunta si en los últimos años se debatió algo vinculado con el sector, como por ejemplo, la telefonía IP, no sólo llega a la conclusión de que no pasó nada sino que “no hay más operadoras de telecomunicaciones”, es decir, no hay nuevas inversiones, pese al gran interés que hubo  hace cuatro o cinco años atrás, cuando todavía se podía solicitar una licencia y obtenerla sin demasiadas vueltas.

“Se supone que hay en marcha una ley de radiodifusión pero –insistió Aguiar- no se puede debatir lo que no se conoce. Es necesario delinear una política de Estado. Una ley positiva puede ser desastrosa pero una ley más o menos con un buen regulador haciendo su tarea puede mejorar. Estamos en el 2008 y aún hay dos organismos intervenidos por el Estado: el Comfer, desde la época de la dictadura, y la CNC, desde el 2001. No tenemos institucionalidad y en telecomunicaciones no hay en la actualidad otro camino más que el de mantener las asimetrías originales”, disparó.

El ex secretario de Comunicaciones se quedó ahí: “Hoy la situación regulatoria está más vista como un obstáculo al desarrollo que como una oportunidad de crecimiento. Es necesario establecer condiciones de competitividad porque hoy hay demoras no sólo para dar una licencia sino hasta para solicitar algo básico como es la numeración para dar servicios en una zona”, sentenció.

“Por un lado hay que impedir la concentración –en alusión a que el ingreso de Telefónica en el capital de Telecom terminará dando origen a una empresa que sabrá sobre los movimientos de su competidora en el país aún cuando se hayan firmado acuerdos de respeto por esas acciones- pero por el otro hay que crear las condiciones para crear redes alternativas”, enfatizó.

Lo cierto es que las empresas del sector poco quieren hablar sobre el marco regulatorio. Más, en momentos en que el ingreso de Telefónica en el capital accionario de Telecom es motivo de sospechas de uno y otro lado, y de movimientos que, muchas veces, suelen estar lejos del negocio de las telecomunicaciones propiamente dicho. Las empresas entrantes tampoco quieren decir mucho: la estrategia es que Telefónica y Telecom llevan la voz cantante y, a partir de allí, ver qué pasos dar. Mientras tanto, continúan concentradas en sus negocios que son de nicho y no masivos.

La resistencia de las cableras

La excepción a expresar su voz son las operadoras de cable, que vienen realizando de manera constante seminarios, congresos y jornadas en las que advierten que si a las telefónicas les permiten dar televisión habrá una sangría entre las cableras, una auténtica industria nacional. Lo expresaron, una vez más, en las últimas jornadas de ATVC, realizadas hace sólo un par de semanas atrás.

Hay una cosa que es cierta: las inversiones en telecomunicaciones que se realizan en el país son las mínimas que exige la evolución de las  nuevas tecnologías –y sobre las que es necesario avanzar para no perder mercado, clientes-, tanto para las incumbentes como para las entrantes. Inversiones que, además, se hacen porque, hay que decirlo, la recuperación del consumo de estos servicios en los últimos años alentó a las compañías a alimentar esa demanda.

Pero esas inversiones no alcanzan. Es todavía importante la disparidad de la competencia en ciertos segmentos de la industria, como la banda ancha. Durante su exposición, el analista Enrique Carrier indicó que, “mientras en el AMBA un acceso de banda ancha es doble de veloz que uno que se ofrece en una localidad del interior, ésta va a pagar el doble o más, además de un costo de instalación que supera al abono mensual, contra nada del primer caso”. La falta de competencia impide que haya nuevas inversiones. Sólo un regulador activo puede impulsar un marco regulatorio que aliente la competencia y, a partir de allí, nuevas inversiones.

A su vez, Romina Aducci, analista de telecomunicaciones de IDC, enfatizó que “hacen falta inversiones. Y el apoyo debe venir  del lado del Gobierno. Hay regulaciones pendientes en la agenda digital que deben resolverse para dar un acceso equitativo y básico a la población y, a partir de allí, escalar, dar más servicios. La competencia es la que maneja el balance del mercado.

Carrier, además, destacó que “desde 2002 no se modificó nada, y se está descuidando una infraestructura que es básica. Lo peor es no hacer nada. Hoy el Estado ni siquiera es árbitro es un rol de fuerzas desiguales”.

Expectativas conflictivas

Más allá de este aspecto, la expectativa de las telcos es que la futura ley también les permita dar servicios provenientes de la evolución y la innovación tecnológica, como el triple play o, inclusive, el cuádruple play. Es un secreto a voces que nunca encuentra una declaración concreta en ese sentido. Aunque hay ejemplos que hablan por sí solos: en su stand en ExpoComm, Telefónica muestra el servicio OnDemand que permite ver videos, películas, documentales, conciertos y hasta hacer karaoke por medio de un abono mensual o de tickets que permiten ver una u otra cosa, a la carta. Es la demostración de que están más que preparados a nivel tecnológico para avanzar en el m
undo del video. Pero como son respetuosos de las leyes del país –básicamente de los pliegos de privatización de Entel que les impide a las empresas de servicios públicos dar televisión, según lo expresado en la Ley de Radiodifusión- es un servicio que se muestra pero no se comercializa.

Telecom, en tanto, continúa probando con sus empleados cómo es esto de poder ver televisión por la red de banda ancha, amén de que en las últimas Olimpíadas fue la responsable de proveer la transmisión vía cable submarino en vivo y en directo desde Beijing a, por ejemplo, Canal 13, del Grupo Clarín, que lleva adelante su propia estrategia de lobby para impedir que esta posibilidad que tienen las telefónicas llegue al mercado residencial.

En conclusión, pese a la escasez de inversiones, se advierte que en el país están dadas las condiciones a nivel tecnológico para dar nuevos servicios. El problema es que la inacción del Estado es tan grande que no sólo los usuarios no se pueden beneficiar sino que se está retrocediendo de manera abrumadora a nivel regional, cuando hasta hace un tiempo atrás el mercado de telecomunicaciones argentino supo marcar el paso de la industria. Esto sin dejar de lado una falta de inversiones importantes que, en caso de que hubiese un árbitro capaz, se podrían resucitar y traer expectativas positivas ya no sólo en la industria de telecomunicaciones sino en la economía argentina toda.

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