El impuestazo a la tecnología y el modelo de país

La Argentina, sin visión de futuro, va camino a penalizar el acceso a la tecnología por considerarla suntuaria en lugar de entender que se trata de una herramienta para acceder al conocimiento. El gobierno deja pasar así una oportunidad histórica si ratifica esta senda en lugar de continuar con los planes de inclusión tecnológica y de fomento al sector.
No me gustaría pagar un tercio más por un celular, pero no es lo más grave. Tampoco me gustaría que aumenten los LCD o cualquier otro equipo tecnológico, pero sigue sin ser lo más delicado. Que alguna empresa nacional vea reducido sus negocios no es positivo para nadie, pero aún así veo algo peor: que el gobierno nacional no comprenda qué lugar ocupa la tecnología hoy para el progreso de las naciones.
La media sanción en Diputados y el dictamen favorable y sin modificaciones de la Comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado del proyecto que modifica la Ley de Impuestos Internos para incorporar determinados productos suntuarios de tecnológicos y de informática, como refiera la iniciativa del Poder Ejecutivo demuestra la falta de visión estratégica de país que tienen. La sola alusión a las herramientas tecnológicas como productos suntuosos que tiene un gran lujo y esplendor, según definición de diccionario- desnuda la ignorancia suprema de las autoridades que con un mal asesoramiento evidente prefieren conceder a la imagen de frivolidad que algunas tecnologías pueden trasmitir antes que tomarse el trabajo de comprender sus funciones. En cada dispositivo fashion, cool o suntuoso que el gobierno vea, también hay una herramienta que facilita el acceso a la información, hoy alojado predominantemente en formato digital, y que en definitiva constituye un camino al conocimiento. Si los libros tienen exenciones impositivas porque son vehículos de saber, ¿por qué se penaliza a la tecnología que cumple un rol cuanto menos similar?
Qué cambios implica
Los motivos pueden ser varios: se dice que ayudaría a la recaudación, pero la causa a la que muchos apuntan es la bienintencionada voluntad de proteger a fabricantes nacionales. Otro error, desde varios ángulos, entre otros la incomprensión del funcionamiento del sector tecnológico. Pero además, esta medida es una protección para empresas nacionales únicamente radicadas en Tierra del Fuego, y sumamente perjudicial para otras fábricas que existen en la región. Y pese a afirmar que el peor mal es la incomprensión política del tema por parte del gobierno, no es menor la advertencia que llegó en estos días. La Cámara Argentina de Máquinas de Oficina, Comerciales y Afines (CAMOCA) señaló que si el proyecto se aprueba tal cual está, se pondrá en serio riesgo la fuente de trabajo de miles de empleados -directos e indirectos- que en la actualidad se desempeñan en pequeñas y medianas empresas fabricantes de PC.
Si el Senado aprueba las modificaciones propuestas por el gobierno, se elevará la tasa del IVA del 10.5% a 21% a los productos indicados en el proyecto (principalmente celulares y monitores LCD) y además tendrán una alícuota del 17% nominal por la modificación de la ley de impuestos internos. Esto tendrá un impacto directo en el costo de los productos informáticos, principalmente en los monitores para computadoras y, por ende, en el precio final de las PC, aportó CAMOCA.
Esta modificación a los impuestos tuvo media sanción de Diputados en la misma sesión que se frustró tratar los aumentos desmedidos a servicios elementales, como luz y gas. En el Congreso también tuvo lugar la prórroga a los llamados superpoderes para el PEN. Sin dudas son temas de gran relevancia, y que tendrán un impacto inmediato sobre el consumo y el humor político de los argentinos. Sin embargo, detrás de la penalización a algunos productos informáticos se debate un modelo de país, tanto más central para las próximas décadas de esta Nación.
Dónde poner el foco
Que la Presidente confunda el nombre de una compañía importante de tecnología, que en un acto dentro de una corporación mencione a su rival son anécdotas al paso. No reviste ni gravedad ni impacta en forma negativa en el país. Se puede condonar a un alto funcionario que comete esos deslices si su visión de la tecnología hace que el país se posicione como un referente mundial en ofertas de productos y servicios que demandan desde otras latitudes. Si la estructura económica y social de una Nación es reacomodada en función de un plan a largo plazo que contemple esa agenda, sin dudas nadie tomará examen a su Presidente para medir sus conocimientos en tecnología.
Si la Argentina tuviera esa visión, debería promover la tecnología, facilitar el acceso a las mismas, y como la tecnología presenta nuevas oportunidades constantemente porque la innovación sucede con una velocidad impropia de otras economías, justamente que un iPhone, un BlackBerry o cualquier equipo de alta gama sea accesible permitirá a los especialistas nacionales crear productos que puedan comercializar para o sobre esos dispositivos. Nada tiene de suntuoso crear una aplicación para iPhone y venderla a usuarios de ese equipo en todo el mundo, como hizo la empresa de Mar del Plata Voon. ¿Qué preferimos, facilitar y hacer más competitivos desarrollos de negocios de ese tipo, o los penalizamos con más impuestos? En la respuesta a esa pregunta se define qué país estamos haciendo.
No hay notas relacionadas.



Que la presidenta equivoque el nombre de una multinacional no es anecdótico. Es un síntoma de la calidad de esa persona, que se ha hecho millonaria trabajando como funcionaria pública.
Que diferencia con Hillary Clinton, quien antes de ser senadora, no sólo fue la “esposa de” sino que por mérito propio fue directora en las juntas directivas de empresas como como Wal-Mart, TCBY Enterprises (yogurt), and Lafarge (cement).
Es una anécdota si la política que sigue es proclive a entender la oportunidad que ofrece la tecnología al país. Y mi crítca apunta a quienes cuestionan esos puntos como los más graves. Muchachos: hay otras cosas más delicadas.
Gracias por tu comentario Marcos.
Salute,